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Essais
Fabián Castaño

Texte de

Fabián Castaño

Écrivain colombien. Texte pour l'exposition "Umbral del Sueño, Umbral del Mundo", British Council, Medellín, 1999.

1999 · British Council, Medellín

Umbral del Sueño, Umbral del Mundo

Desde el principio ha existido un acuerdo tácito entre el silencio y el color, acuerdo que le ha permitido al artista dejar constancia de ese bullir de instancias que rodean todo cuanto hacemos. Si la pintura tiene alguna validez es cuando intenta desgarrar ese silencio para adentrarse en una composición que pretenda revelarnos el universo. Y cuando digo universo, no me refiero a esa totalidad que se desplaza a través de las estrellas. Pienso en ese mundo cerrado y único que existe en cada uno de nosotros. Pues alrededor de cada individualidad existen lejanas constelaciones, soles, estrellas que nacen y mueren, cometas errantes, noches y días, eclipses, atmósferas, celajes. Lo importante del pintor es cuando logra enhebrar un diálogo entre sus silencios y el color. Cuando hace estallar su universo para ir dejando salpicados sus bastidores con el producto de esa explosión. De tal manera que sus cuadros sean manchas, se conviertan en el testimonio inconfundible de su individualidad.

Los cuadros de Mario Londoño son un homenaje deliberado a ese silencio que se transforma hasta convertirse en una sinfonía del color. Sus atmósferas se van unificando alrededor del misterio soterrado y totalizante que se asemeja a esa pregunta que siempre queda por responder. Es el elemento insoluble que nos presenta la existencia y que debe ser el propósito de todo arte que aspire a ser parte de la gran tradición.

Sabemos que ya la pintura no necesita representar y que al perder la tridimensionalidad y el fondo ha quedado suspendida, como un ojo que en vez de nosotros observar, él despiadadamente nos mira; inclusive, podemos afirmar que Mario Londoño trabaja sobre una línea devastadoramente actual. Si tomamos la célebre fórmula de Paul Klee de definir la pintura como la tentativa de hacer visibles aquellas fuerzas que todavía no lo son, comprendemos las virtudes pictóricas de un hombre como Mario Londoño. Su pintura, constituida a partir de un diálogo con todas las corrientes que han nutrido el quehacer artístico, se eleva sobre sí misma, para recobrar ese monólogo propio de un hombre que sólo habla a través de los signos que él mismo produce.

Y lo importante de Mario Londoño es que ha logrado definir su propio campo estético. Por allí pasa el surrealismo, la figuración, lo abstracto, como una señal de que lo fundamental del artista es aprender a conversar con su tradición. La plenitud — decía Artaud — es la concordancia entre nuestras visiones y la manera como las cristalizamos. Y Mario Londoño es un artista que a fuerza de trabajo, intuición y disciplina ha logrado dejar en sus lienzos instantes valiosos, ha colocado una parte importante de su huella luminosa. Y sólo allí, para alegría nuestra, es donde el pintor que existe en Mario Londoño ha encontrado su presencia, su estatura, la nostalgia, el desgarramiento; donde ha intentado dilucidar ese enigmático, pero alucinante placer que significa vivir bajo la forma de un ser humano.