“Tiende hilos entre lo onírico y la vigilia.
Traza puentes surreales entre el mundo y el trasmundo.
Rodea de silencio un espacio que ama el asordinamiento del sueño.
Tiñe el lienzo que es una ventana de sucesos en la pared y recibimos la visita del color.”

-Juan Manuel Roca

Elara comprendió entonces que la verdadera búsqueda no era por la sabiduría externa, sino por el despertar de su propia esencia. El ibis, de mirada sabia, tomó la piedra con su pico y la elevó hacia la luna, guardiana de los secretos celestiales, había venido a recordarle que la fuerza y la sabiduría siempre habían estado dentro de ella.

Con una calma solemne, el Vigilante caminó hacia la roca, colocó una mano sobre su superficie fría y cerró los ojos. En ese gesto, el ser enviaba un mensaje silencioso de esperanza y fortaleza a la humanidad, un recordatorio de que, aunque el universo era vasto y misterioso, esta lleno de ojos atentos y corazones vigilantes.